Por Johan Cortés
En la mayoría de los proyectos informáticos, la definición de éxito no depende únicamente del código, la infraestructura o las herramientas, sino de algo aún más esencial: una planificación y gestión sólida, un liderazgo claro y una comunicación efectiva.
Un project manager no solo organiza tareas o controla cronogramas; también inspira confianza, promueve la colaboración y asegura que todos comprendan la visión y los objetivos. El liderazgo efectivo en entornos tecnológicos implica escuchar activamente, anticipar obstáculos y motivar al equipo incluso en los momentos de mayor presión.
La comunicación oportuna y bidireccional es el hilo conductor que conecta al equipo interno con el cliente y evita brechas de entendimiento entre las verdades necesidades del proyecto. Mantener una comunicación clara, documentada y empática permite gestionar expectativas, detectar desvíos a tiempo y fortalecer las relaciones de trabajo.
La gestión del cliente, el planteamiento de estrategias que eventualmente mitigan riesgos, el saber cuándo decir no por salud financiera del proyecto y cuando ceder ante la satisfacción de los stakeholders del proyecto es un arte que va más allá que lo técnico.
Asimismo, una correcta gestión de las órdenes de cambio garantiza que los ajustes solicitados se integren sin comprometer la calidad, los tiempos ni el alcance inicial del proyecto. Cada cambio bien gestionado refuerza la confianza con el cliente y asegura el compromiso por un resultado alineado con los objetivos estratégicos del proyecto.
En definitiva, los proyectos informáticos con mayor probabilidad de éxito son aquellos donde la tecnología, la gestión y la comunicación avanzan de la mano, liderados por personas que entienden que el verdadero valor está en cómo se planifica y se construye el camino hacia el resultado final de un producto o solución que realmente le genere valor a nuestros clientes.

